Ya llegó mi AIG.

No lo había vivido nunca, en estos casi dos años no había podido participar porque siempre se me pasaba la fecha. Este año en cuanto lo vi, me apunté para que no me pasara lo mismo.
Mezcla de nervios e ilusión es lo que conlleva el AIG. Tras uno cuantos días de mirar por la ranura del buzón y no ver nada, un día me llaman al telefonillo y, como soy taaaaaaaan rápida para levantarme, se fue el cartero sin que yo llegara a la puerta. Yo pensaba que era una compañía de envíos a la que había llamado para mandarle unas cositas a mis padres y estuve un rato pensando mal sin razón. Cuando tengo que enviar algo y vienen a por el paquete, siempre advierto que voy en silla de ruedas, que tardo en llegar a la puerta y que me llamen antes para estar preparada, pero nunca lo hacen. Ese día, aunque no cuando yo pensaba, tampoco lo hicieron. 
Al bajar a por pan para terminarnos la rouille de la bullabesa, vi el papel en el buzón y ya no pude parar. Esa misma tarde arrastré a mi novio a correos que, aunque con elevador eléctrico, está un poco complicado para mí sola, e iba por el camino con una sonrisa de oreja a oreja y le decía a mi novio:
– No estás nervioso…
– No
Ains, qué incomprendida soy…
Cogemos el paquete, compramos unas cositas rápido, como nunca lo he hecho, y corriendo a casa para saber quién era mi AIG y, claro, qué había en el paquete.
Mi AIG se llama Mónica, del blog La cocina de Pancho y desde aquí le doy las gracias por tantos regalitos y por todo el trabajo que se ha tomado, venía todo muy envuelto -cosa que a mí me es muy, pero que muy complicada de hacer- y con un  gusto increíble. A mi novio, también te diré, le hiciste muy feliz con todo el plástico de bolitas porque le encanta explotarlas.
Os voy a poner todo lo que me envió Mónica, una pasada.
Como véis, una caja chulísima, que la voy a guardar en mi armario -cuando lo tengamos, claro-.
Una vista de todos los regalos juntitos.

Unas cucharitas medidoras, que me vendrán muy bien para mis recetas y además, coloridas, como a mi me gustan.

Una lata de ositos para guardar las primeras galletas que haga, que aún no me he estrenado.
Mónica, nuestra debilidad, unas trufitas de chocolate, de las que te aseguro que daremos muy buena cuenta.

Tres mangas de fuelle para decorar mis dulces. Ya lo he estrenado, no me he podido aguantar, son muy blanditas y, aunque todavía tengo que practicar para poder hacerlo con una mano, son una gozada.

Al pelo me vienen estos cortadores de galletas para el reto CWK de este mes. 
Una fondue con sus pinchitos, siempre he querido una, es preciosaaaaaaa.
Unas tazas decoradas para nuestros desayunos.
Mónica, muchísimas gracias por todos estos regalitos y por esa carta, usaré el teléfono, prometido.
Muchos besos para mi AIG.
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